El autismo no fue incluido dentro de los manuales diagnósticos hasta la década de 1960 y lo hizo bajo el nombre de “autismo infantil», sin contemplar su presencia en población adulta. A lo largo de la historia, ha sido considerado principalmente como una condición propia de la infancia, lo que ha contribuido a invisibilizar a las personas adultas dentro del espectro. Solo ahora, años después, se considera el autismo como una condición que afecta a lo largo de todo el ciclo vital. Aún así, la investigación en población adulta y envejecimiento sigue siendo limitada.
Esta falta de atención se refleja claramente en las altas tasas de infradiagnóstico en población envejecida. Un estudio reciente ( O´Nions et al., 2023) realizado en Inglaterra, muestra que el 89,29 % de las personas entre 40 y 59 años no estaban diagnosticadas, cifra que aumenta hasta el 96,51 % en personas de 60 a 70 años o más.
El siguiente gráfico extraído del estudio previamente mencionado, representa estas cifras en comparación con las existentes en población más joven:

Fuente: Adaptado de O’Nions et al. (2023)
Estos datos sugieren que aproximadamente 9 de cada 10 personas autistas mayores de 50 años podrían no contar con un diagnóstico adecuado o haber sido diagnosticadas erróneamente con otras condiciones.
Esta brecha diagnóstica puede explicarse por diversos factores, entre ellos la falta de conocimiento y formación sobre el autismo en adultos por parte de los profesionales, así como los cambios en los criterios diagnósticos a lo largo de las últimas décadas, que han dejado fuera a muchas personas que no encajaban en definiciones anteriores.
Lejos de ser una simple etiqueta, el diagnóstico cumple un papel fundamental: facilita el acceso a apoyos, recursos y servicios especializados. Por el contrario, la ausencia de diagnóstico, puede limitar el acceso a los servicios de atención sanitaria (tanto físicos como mentales), a intervenciones preventivas y a apoyos sociales y legales fundamentales. Además, dificulta los esfuerzos para planificar recursos que satisfagan las necesidades reales de esta población.
En un contexto en el que la esperanza de vida no hace más que aumentar, se hace evidente la necesidad de profundizar en el conocimiento de las necesidades de las personas autistas a lo largo del tiempo. Mejorar el acceso a la evaluación diagnóstica en la edad adulta no solo es una cuestión de reconocimiento, sino un paso clave para reducir las desigualdades en salud y mejorar la calidad y la esperanza de vida de las personas en el espectro.
Fuentes
O’Nions, E., Petersen, I., Buckman, J. E. J., Charlton, R., Cooper, C., Corbett, A., Happé, F., Manthorpe, J., Richards, M., Saunders, R., Stott, J., & Mandy, W. (2023). Autism in England: Assessing underdiagnosis in a population-based cohort study of prospectively collected primary care data. The Lancet Regional Health – Europe, 29, 100626. https://doi.org/10.1016/j.lanepe.2023.100626