El estudio sobre salud y atención sanitaria en personas autistas publicado por la Confederación Autismo España (CAE) en 2025, pone de manifiesto que, en comparación con la población general, las personas en el espectro presentan peores indicadores tanto de salud física como mental. 

Algunas condiciones de salud aparecen con una frecuencia significativamente superior en este colectivo. Por ejemplo, la epilepsia alcanza tasas cercanas al 13 % frente al 1 % en la población general; la depresión, alrededor del 40 % frente al 5 %; y los problemas dermatológicos, un 34 % frente al 6 %. Además, problemas de salud que en la población general podrían considerarse leves tienden a cronificarse o agravarse en las personas autistas.

Esta situación se ve agravada por diversos factores, entre los que destaca especialmente el envejecimiento. En las personas con autismo, el paso del tiempo implica que a los retos propios del trastorno se sumen los asociados a la edad. Como consecuencia, aumenta la prevalencia de problemas de salud que, junto a otros factores como las dificultades de comunicación con los profesionales, pueden derivar en complicaciones más graves. Además, la esperanza de vida en las personas con TEA es inferior, situándose hasta seis años por debajo de la población general.

Entre los principales factores de riesgo, destaca la mayor exposición al uso de psicofármacos: las personas autistas reciben más diagnósticos y, en consecuencia, más tratamientos farmacológicos, muchas veces sin el seguimiento adecuado y con mayor riesgo de efectos secundarios. 

Esta exposición aumenta a lo largo de la vida. Así, presentan tasas mucho más altas de prescripción: cerca de ocho veces más en el caso de antidepresivos o estimulantes (40 % frente al 6 %) y cinco veces más en el uso de tranquilizantes o medicación para el sueño (55 % frente al 11 %).

A todo ello, se le suman las importantes barreras que encontramos en el acceso a la atención sanitaria. Las personas autistas y especialmente las envejecidas, encuentran dificultades relacionadas con la falta de formación específica y de protocolos adecuados en los sistemas de salud, especialmente en el ámbito de la salud mental. Además, las dificultades en la comunicación y en la interacción social propias del autismo agravan la situación y dificultan que se lleve a cabo una atención ajustada a sus necesidades.

Resulta imprescindible avanzar hacia modelos de atención más accesibles, con profesionales formados, protocolos adecuados y un enfoque centrado en la persona. Solo así será posible reducir las desigualdades en salud, mejorar la calidad de vida y garantizar un envejecimiento digno para las personas con autismo.

Fuentes 

Confederación Autismo España. (2025). Estado de salud y atención sanitaria de las personas con autismo en España. https://autismo.org.es/wp-content/uploads/2025/10/Salud_y_atencion_sanitaria_junio2025.pdf